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lunes, 17 de mayo de 2010

"HOKUSAI SUEÑO PULPOSO YEAH!"

Un tío mío, Rafael Lara, arquitecto, brillante y elocuente, me mandó hace poco El sueño de la esposa del pescador, grabado de Hokusai, 1814, haciendo alusión a la imagen de este blog. Lo cito: "...la foto de portada de tu blog es como un tentáculo pulposo-calamaresco bastante gacho y desconcertante y esta me parece una imagen más interesante, justa y amable de esos simpáticos y generosos seres".

La naturaleza de ambas imágenes es radicalmente distinta, una es, como bien dice el texto, la expresión bestial de "las tibias aguas de la lujuria" mientras que la otra es una bella imagen de violencia marítima asexual.

Justa y amable o no, la pongo acá para que juzgue usted, querido lector, así como la traducción del texto. (Já, esto terminó siendo una especie de forward del correo del arq. Lara)

have you in my grasp! Your "bobo" is ripe and full, how wonderful! Superior
to all others! To suck and suck and suck some more. After we do ot
masterfully, I'll guide yo to the Dragon Palace of the Sea God and envelope
you. "Zuu sufu sufu chyu chyu chyu tsu zuu fufufuuu..."
MAIDEN: You hateful octopus! Your sucking at the mouth of my womb makes me
gasp for breath! Aah! yes... it's... There.!!! With the sucker, the
sucker!! inside, squiggle, squiggle, Oooh! Oooh, good, Oooh good! There,
there! Theeeeere! Goood! Whew! Aah! Good, good, Aaaaaaaaaah! Not yet!
Until now it was I that men called an octopus! An octopus! Ooh! Whew! How
are you able...!? Ooh! "yoyoyooh, Saa... Hicha hicha gucha gucha, yuchyuu
chyu guzu guzu suu suuu...."
BIG OCTOPUS: All eigth legs (arms?) to interwine with!! How do you like
it htis way? Ah, look! The inside has swollen, moistened by the warm waters
of lust. "Nura nura doku doku doku..."
MAIDEN: Yes, it tingles now; soon there will be no sensation at all left my
hips. Ooooooh! Boundaries and borders gone! I 've Vanished....!!!!!!
SMALL OCTOPUS: After daddy finishes, I too want to rub and rub my suckers
at the ridge of your furry place until you dissapear and then I'll suck
some more, "chyu chyu.."
Translation of the inscription by: James Heaton and Toyoshima Mizuho
Published in the Kyoto Journal, No. 18, 1992>>

martes, 13 de abril de 2010

Capítulo 6. MUERTE

La tarde que iba a morir, Golemón no había bebido. Su cuerpo había empezado a desgastarse tiempo atrás, su barniz ya no brillaba, se descascaraba y había que barrer pedacitos de piel de Golemón. Él solito lo hacía. Había cortado una escoba para que fuera más fácil y cada mañana barría con cuidado los restos de su cuerpo. Ese día no barrió. Cuando entré en la casa a eso de las 7 pm, Golemón estaba llorando, sin rabia, tan sólo con la amargura y la impotencia de sentirse absolutamente desarmado y vulnerable. En el centro de la sala estaba un oso de peluche gigante, el que había sido mi compañero de cuarto en mi infancia. El oso tenía la mirada idiota y feliz. Alma estaba acurrucada con mirada desafiante sobre la panza del oso. Golemón la miraba con ojos de corderillo. Oí hablar a Alma por primera vez:
-Prefiero a este maldito oso estúpido que volver a tocarte a ti, asqueroso perro de la desdicha –Alma brillaba fulgurante. –Ese viaje en la cajuela del auto del imbécil ese ha sido la peor experiencia de mi corta vida. Eres un perro faldero, una sucia madeja de hilo, un diente de leche, una execración de este sucio universo de mierda. Te aborrezco, pero únicamente porque sólo una palabra tan fea puede describir lo que siento por ti.
Golemón la miraba fijamente tratando de entender de dónde salía tanta maldad.
-Alma, –susurró Golemón, apenas con la potencia suficiente para que Alma y yo lo oyéramos -eres una mujer sin alma
Traté de hacer algo al respecto, cualquier cosa, aunque la verdad no tenía idea alguna de qué hacer. Hice un amague de ponerme en movimiento.
-Tú te quedas ahí, pinche jodido –rugió la boquita hermosa de Alma.
Hice lo que me dijo. Golemón se puso lentamente de pie.
-Voy a matarme. Quiero que sepas que no lo hago por ti, y que no me interesa el efecto que mi muerte pueda tener en tu maligno espíritu. Muero porque no quiero seguir en este mundo donde aparentemente la violencia tiene que existir y manifestarse diariamente sobre nosotros. La rabia era mi razón de ser y ahora ha desaparecido, y más que dolor queda el vacío. Quise llenarlo de belleza, como quien llena un vaso de vino delicioso, pero fracasé. Tú me aborreces pero yo no. En el momento en que decido morir sólo tengo gratitud hacia el señor Martínez y hacia mi creador. No te desprecio en lo más mínimo, me desprecio a mí por haber sido soberbio y haberme creído indestructible. Si tuviera fuerzas para decirte algo personal, te diría que eres una perra del mal. Pero no lo haré, no quiero y no me importa ya. Así que por favor, pido que sea respetada la voluntad de un muñeco. No es el sufrimiento ni el dolor, es en verdad una decisión racional. Voy a morir y espero, señor Martínez, que me perdone por todo y que no impida mi muerte. Usted es un buen hombre y lo más humanitario es dejarme morir. Ya sabrá qué hacer con esta muñeca maravillosa y cruel.
Caminó lentamente a la cocina y no volteó más. Cerró la puerta y a través del ventanuco, Alma y yo vimos cómo abrió la puerta del horno, subió sus rodillas con dificultad hasta que pudo pararse sobre la compuerta, giró la perilla y el resplandor de la llama del horno se reflejó en él, hizo que brillara su cuerpecillo y sus ojos muy abiertos. Bajó la cabeza y brincó al interior. La puerta del horno se cerró.
De inmediato abrí la puerta de la cocina, con los ojos llenos de lágrimas. Respeté su decisión de dejarlo morir. Sentí absolutamente todo su dolor. Me senté en un banquito, metí la cabeza entre mis manos y me puse a llorar.
Por un momento me olvidé de Alma. Cuando alcé la vista, Alma se las había arreglado para subirse a la estufa y estaba moviendo la perilla del horno. Pude ver que la giró de 260 a 140°.
-Golemón. Arde lentamente, amor mío –dijo la bestia.

lunes, 12 de abril de 2010

Capítulo 5. DECADENCIA Y CAÍDA

Llegamos a eso de las 11 de la noche. Sorprendentemente, el viaje fue pura armonía. Ambos muñecos viajaron en la cajuela del auto y no percibí ruido alguno durante el trayecto. Al abrir la cajuela, Golemón salió lentamente, con un gesto exótico de abatimiento, peculiar, nunca antes visto en su rostro. Cierta tristeza crispaba su expresión antes furiosa. Bajó del auto y apenas abrí la puerta de la casa entró y se sentó en el sofá, con los bracitos colgando a los lados, las piernas bien alineadas en paralelo. La muñeca era, o fingía con indiferencia ser una simple muñeca, inerte y ornamental. Bajé la caja cuidadosamente y coloqué a la muñeca en el sitio donde antes había colocado a Golemón. Los ojillos del muñeco eran dos perros sin rumbo. Me sentí mal por él, sin duda algo había sido trastocado en su interior durante el viaje. Me senté junto a él y ambos admiramos a la muñeca por casi una hora, sin hablar. Cuando me levanté para irme a acostar, observé algo irremediablemente humano en la mirada de Golemón. Dejé caer con pesadumbre mi mirada condescendiente y paternal sobre él. No era lástima lo que sentía por él, era simplemente la cara más desnuda de la simpatía por un igual.
-Eras un ser sin alma y ella te ha provisto de una –dije al melancólico Golemón, que no apartaba la vista de la muñeca. –Su nombre es Alma.
Al otro día, al despertar, me dejó perplejo la paz que irradiaba un Golemón durmiente, con la cabeza gacha, custodiando devotamente a Alma, mujer-muñeca inmóvil y desdeñosa, sin vida, en la misma posición en que la había puesto. Me fui tranquilo a la calle a buscar empleo.
Volví de la calle y encontré a Golemón en la misma posición, sentado, mirando con ojos tristes a Alma, quien seguía inmóvil, ignorándolo, ignorándome a mí, ignorando la vida. “Buenas noches” me saludó Golemón y en su vocecilla advertí el dolor.
-Siento mucho haberte hecho perder tu empleo –me dijo y casi me arranca las lágrimas.
Comprendí que lo que había percibido en Golemón la noche anterior, el inequívoco rasgo de humanidad, era el sufrimiento. Sentí mucha pena por él y por mí, por la gente que había sufrido, por la raza humana. Supe que Alma se había sumergido en la vorágine que era el alma de Golemón, siempre agresivo e intenso, la violencia. Ahora sufría con la misma potencia el arrebato de la pasión, como antes había experimentado la rabia desatada.
-¿Quieres que guardemos a Alma en la caja de Avícola San Juan? –pregunté a Golemón, con la esperanza de poder disminuir su dolor.
-La belleza, la verdadera, la que hace sufrir, atraviesa absolutamente todo, cruza los mares, los más gruesos muros, los aislantes e impermeabilizantes. Atraviesa las pieles de piel, las de plástico, las pieles de madera hasta del más abyecto mono, como yo. No se puede ocultar el poder de la belleza.
Y Golemón, seguro habría llorado al concluir su discurso si en realidad hubiera sido un muchachito de verdad.
A eso de las 3 am sentí un leve jalón en la manga de mi camiseta. Encendí la lámpara y vi la angustia hecha muñeco, la desesperación encarnada en un pequeño ser, que en aquel momento me pareció más vivo que la mayoría de los humanos, los ojos grandes, las manitas suplicantes, todo el dolor embarrado en sus facciones.
-Perdóname que te despierte, pero… ¿tienes un trago?
-Pero Golemón…
-Te suplico, un trago, o dinero para un cuartito de ron, o cualquier cosa.
Humillado y triste Golemón sufría las inclemencias del insomnio. Junto a mi cama, en el buró, guardaba siempre una botella de ron para esos casos. Se la di. Agradecido, Golemón salió del cuarto y no hizo ruido alguno. Al otro día en la mañana supe que había vaciado la botella. Dormía profundamente, sin perder el rictus de desesperación, hecho bolita en el sofá. Alma, inmóvil y decorativa, tenía en su expresión una novedosa mueca de satisfacción.
Transcurrieron unas cuantas semanas. Yo buscaba trabajo y volvía ya entrada la noche. Comencé a llevarle diariamente una su botellita al pobre de Golemón, quien cada vez más parecía un muñeco de trapo. Alma siempre estaba inmóvil, fresca y majestuosa en su mesita. Golemón era un manojo de incertidumbre y tristeza.

martes, 16 de marzo de 2010

Impacientes, los habitantes de este mundo hablan de GOLEMÓN

A continuación transcribo una eventual conversación entre dos jóvenes a bordo de un microbús:

"-Oye Cristóbal, ¿tú qué dices?, yo digo que eso de Golemón es una chingadera y a la mera hora van a salir con una mamada así bien pendejísima y absurda y se reirán de todos los pendejos que esperaban algo interesante.
-Me cai, siempre salen con pura mamada y namás crean expectación a lo pendejo.
-Sí, como cuando inauguraron el primer elevador.
-Sí, todo mundo esperaba que se desplomara abruptamente, y no ocurrió tal cosa.
-Vaya decepción.
-Sí, pura mamada. Anticlimax le llaman a ese concepto.
-Golemón es un anticlimax hipermoderno.
-Pues no sé si hipermoderno, pero de que es una mamada, estoy seguro de que lo es.
...
"-Oye Cristóbal, ¿pero qué tal que resulta que es una cosa super chingona y todo mundo queda maravillado? La verdad no lo creo muy probable, pero uno nunca sabe.
-Pues igual. Justamente ayer soñé eso, que Golemón era una especie de Cristo y asombraba al mundo con sus acciones pero al final, trágicamente, era ajusticiado por la rancia y prepotente existencia moral de los estados y al fin, moría, crucificado o fusilado o confinado en un tinaco.
-Chale wey, deja ya de meterte tanta pinche droga.
-Nel, se siente chido.
-Já, la neta sí. Vamos a fumarnos un toque ¿no?
-Ya estás carnalito.
-Seguro ese wey que anda anunciando al Golemón como un gran acontecimiento es un pinche mariguano del mal.
-O tal vez un feto loco.
-Puede ser, uno nunca sabe.
-Lo que sí es que ya me intrigó.
-Sí.
-Pues la neta estaría chingón que fuera algo chingón.
-Neta que sí.
-Pero seguro será una chingadera.
-Lo más seguro...